Cómo nos cargamos las reglas del branding de alarmas
Mira los nombres de las empresas de alarmas. Protectia. Segurmax. Escudo24. Vigilia Plus. Todas con escudo. Todas con nombre de cámara acorazada. Todas hablando de ladrones, de miedo y de lo que te puede pasar.
Y casi todas con lo mismo por debajo: una cuota al mes. Cuando Amomir llegó a nuestra mesa, el camino fácil era ser el quinto escudo del mercado. Elegimos el difícil.
El nombre
Le pusimos Amomir. «A mimir»: lo que dice un niño cuando se va a la cama. Sí, es una gracieta. Y sí, a más de uno le pareció poco serio para una empresa de seguridad. Justo por eso.
Nadie compra una alarma por tener una alarma. La compra para dormir tranquilo. El producto es la paz; la alarma es solo el medio.
“Si tu sector entero se parece, parecerte a él es la forma más cara de pasar desapercibido.”
La narrativa
Así que construimos todo desde ahí: una narrativa y un sistema de ilustración centrados en la calma. Cero escuditos. Cero ladrones con pasamontañas.
Y una historia con un villano claro: las cuotas. Pagar cada mes por algo que ya compraste. Dejas de pagar y se acaba la protección. Menuda tomadura de pelo.
Sin cuotas
Amomir no tiene cuotas. El cliente paga el equipo y la instalación una vez, y fin. La marca no lo esconde en la letra pequeña: lo pone en el titular.
El resultado está en amomir.es. Míralo y dinos si se parece a alguien más del sector.
Lo que cuesta
Un branding así parte de 3.600 €: nombre, narrativa y sistema visual, pensados para que nadie te confunda con la competencia. Haces algo diferente o te pierdes entre el resto.