Abrí el repositorio, cerré el portátil y me hice un café
Me habían pedido una revisión técnica antes de una inversión. La demo era preciosa: fluida, rápida. Los inversores estaban encantados. Normal, la demo está hecha para eso.
Yo no miro la demo. Miro lo que pasa cuando algo falla. Esto es lo primero que reviso.
Claves en el código
Si las contraseñas y las claves de acceso están escritas en el propio código. Spoiler: más veces de las que crees.
Una sola persona
Si solo una persona sabe cómo se despliega. Si esa persona se va, se va el producto.
Dependencias
Cuántas dependencias llevan años sin actualizarse. Cada una es una puerta que nadie vigila.
Tests
Si hay tests. O si el test es que el fundador lo prueba a mano antes de cada subida.
Por diez
Qué pasa si mañana hay que multiplicar los usuarios por diez.
“Nada de esto sale en un pitch deck. Todo esto sale en la factura, seis meses después.”
Lo incómodo
El problema casi nunca es que el equipo sea malo. Es que tenía prisa, y la prisa se paga con intereses. Deuda técnica, lo llaman. Deuda, a secas, diría yo.
Un inversor que no mira el código está comprando un coche por la pintura. Puede salir bien. También puede salir bien cruzar sin mirar.
Antes de firmar
Si vas a invertir en una empresa de software, a comprarla o a cerrar un acuerdo gordo con ella, que alguien mire debajo del capó antes de firmar. Nosotros lo hacemos: precio y plazo en la primera llamada, y en unos días sabes qué estás comprando.
Si prefieres fiarte de la demo, también es una opción. Pero entonces no nos escribas cuando falle. O sí.